¿Y ahora qué?
En julio de 2025 terminé mi carrera de Diseño Gráfico. Todo muy chido, pero... ¿y ahora qué?
En mi último año de la universidad yo me centré 100% en eso: en acabar, en hacer lo que se tenía que hacer en el momento, entregar lo que se tenía que entregar. Pues cada día tiene su “to-do list” y generalmente no me preocupa el "¿qué haré mañana?". Por eso salí sin un plan, sin una ruta que seguir.
Lo único que me quedaba por hacer era mi servicio social. Entré a un estudio de diseño de mi ciudad, la pasé bien e incluso contemplé quedarme a trabajar ahí si me ofrecían la oportunidad, lo cual sí sucedió. Me ofrecieron el empleo una vez que terminara mi servicio.
Lo vi como una gran oportunidad, pero, mientras pasaban las semanas, yo sentía que mi lugar no era ahí. Lo medité demasiado: irme por la ruta segura de un trabajo de ocho horas, sueldo fijo... y ya está, no hay más. Ooooo... la ruta más insegura, hacerle de freelance 24/7 donde, literalmente, TODO podría pasar.
La verdad sí soy aventada, pero sobre todo, yo considero que aunque dudemos, en el fondo ya sabemos la respuesta y lo que realmente queremos. Claro que tenemos dudas y miedos; por eso nos hacemos tontos un rato. Pero al final siempre pasará lo que tiene que pasar y si somos lo suficientemente valientes, vamos a hacer lo que en el fondo de verdad queremos, con la conciencia tranquila de que estamos dispuestos a aceptar la derrota si nuestro plan no sale como esperábamos.
Solo tuve menos de un mes para decidir el siguiente paso de mi vida. Durante tres meses estuve convencida de quedarme a trabajar por tiempo indefinido en el lugar donde estaba haciendo mi servicio social. Pero de un momento a otro, simplemente supe que no quería quedarme.
Solo tuve un par de semanas para organizar todo con mi exjefa, obvio con mucha pena, porque ya había aceptado el trabajo. Al mismo tiempo estaban ocurriendo cosas en mi vida personal que me impedían quedarme, así que no fue solo por un capricho mío.
Llegó mi último día. Salí contenta y con una sensación de libertad indescriptible. La verdad, siempre di todo de mí: en la escuela y en el servicio, el cual fue mi primer acercamiento al mundo laboral. El servicio social es trabajar gratis a cambio de experiencia y ese intercambio definitivamente se cumplió. No hay más. No le debía nada a nadie, solo a mí misma me debía la oportunidad de intentar lo que realmente quería hacer.
Ahora sí se vino el verdadero: ¿y ahora qué?
Ya llegó el día de ponerse a pensar qué hacer. Estábamos en noviembre de 2025 y lo que se me ocurrió, después de pensarle mucho, fue hacer agendas para el 2026. En diciembre mucha gente compra agendas; yo lo hago. Entonces, aprovechando esa demanda, pensé: pues yo diseño, tengo una impresora y tengo papel. Pues ya, lo hago. Así de simple.
Compré el material que me hacía falta con un pequeño sueldo que me dieron en el servicio por quedarme a trabajar una semana extra. Y con eso la armé.
Al mismo tiempo hice una página de brownies para tener ingresos extra, así que, a la par, estaba trabajando con ese pequeño emprendimiento.
Solo hice seis agendas, y con la mentalidad de que con muchas dificultades iba a poder lograr vender esas seis. No sabía si a la gente le iban a gustar. No sabía si la mucha o poca publicidad que hice iba a ser suficiente. Simplemente dejé que pasara lo que tuviera que pasar, porque por mi parte ya estaba todo hecho.
En las redes, aunque pareciera que no influye, sí ayuda mucho ese reposteo de tu amigo, de tu hermana, de tu mamá o de cualquier persona que te ayuda con ese aparentemente muy pequeño gesto, pero que puede cambiar el rumbo de todo.
Una cosa lleva a la otra: las agendas se vendieron. Tuve que hacer más porque me seguían pidiendo; se acabaron. Tuve que hacer más porque me seguían pidiendo... se acabaron. Y gracias a todas esas personas yo pude darme a conocer mucho más y empezaron a llegar los clientes de manera orgánica: “Oye, ¿haces logos?”, “Oye, ¿haces aquello?”.
A partir de este suceso de las agendas llegaron a mi vida personas que, aunque ellas no lo saben, fueron muy importantes, porque eran mis primeros clientes y porque fueron las personas que me impulsaron a confirmar que sí se podía.
Hasta ahorita todo muy bonito, ¿no? Pero no te creas, porque no todo es color de rosa. Así que voy a aprovechar este espacio para contarte una anécdota muy desagradable para mí.
De igual manera, con lo de la venta de las agendas, una muchacha se hizo mi clienta. Empezó a pedirme cotizaciones para ilustraciones y demás cosas. En una de esas me propone que yo venda en su local mis productos, como las agendas o libretas. Claro que ella se llevaba una comisión por cada venta.
Al inicio no lo vi mal; al contrario, lo vi como una buena oportunidad de un ingreso extra porque ya era enero y ya se estaban acabando las ventas de las agendas, así que tocaba pensar otra vez qué era lo que seguía.
Yo acepté esta oferta. Sucedieron cosas que a mí no me daban buena espina. No puedo ser muy clara en esta parte y decirte exactamente qué cosas; es solo esa vibra no tan buena que te transmite alguien. Por mensaje ella era muy amable, pero en persona... la neta, no tanto. Tenía más bien una actitud apática.
Días después me escribió para pedirme una cotización de ilustraciones estilo doodle de su chihuahua. Se las di a 3x$80. Sí, amigos, así como lo leen. Ni para unos tacos, jaja, pero buenoo, solo quise ser buena onda con ella. Sí fui consciente de que el precio era muy bajo, pero obvio tampoco sabía cotizar correctamente mi trabajo.
En esta fase nunca hubo una conversación sobre el uso de estas ilustraciones. Erróneamente, yo asumí que eran para uso personal, no comercial. Y sí, en su momento vi que las usó para una cuenta de Instagram que parecía una especie de blog personal de ella, y también las usó para unas historias que subía a la cuenta de su negocio. Pero normal, no le di importancia.
Después de esa comisión, me encargó otra: una acuarela de la fachada de su "studio". No me quería pagar; quería hacer una "colaboración". A cambio de la ilustración, ella me daría un pase a uno de los talleres de arte y manualidades de su studio.
Claramente no acepté. Pero, como no me gusta ser mala onda, le dije que, a lo mucho, le podía hacer un descuento a cambio de que me diera crédito por la autoría de esa ilustración.
Al principio me dijo que lo iba a pensar (?), pero finalmente accedió.
Lo siguiente que sucedió fue que subió la ilustración a una historia, con mi usuario invisible. Básicamente, solo yo sabía que estaba etiquetada en esa historia. Con esta pequeña acción, simplemente entendí que esta persona no tenía la más mínima intención de darme el crédito adecuadamente.
Ese mismo día publiqué en mi historia una fotografía que tomé mientras pintaba esa ilustración. Ella me dijo que se la mandara. La verdad es que no quería hacer esto porque yo ya sabía que la iba a querer subir a la página de su negocio. ¿Y qué sucede si la sube? Que claramente parece una foto de ella, como si ella estuviera pintando la ilustración.
Yo se la mandé con la condición de que, si la subía, debía poner mi arroba visible. Lo siguiente que hizo fue poner mi usuario tamaño hormiga.
Yo ya estaba muuuy molesta porque estas pequeñas acciones apuntaban a que ella quería atribuirse la autoría.
Después, esta misma foto la subió a un post en la cuenta de su negocio, cuando yo solo le había autorizado subirla a su historia.
Mil veces más molesta, le platiqué esto a mi hermana y ella decidió ir a comentar en el post: "Qué hermosa ilustración hecha por @limoncitocoral".
Y adivina qué hizo esa persona...
Borró el comentario.
Para no hacerte el cuento más largo, le dije que iba a recoger mis cosas a su studio (libretas y stickers). No le di explicaciones ni le reclamé nada. Lo que quería era cortar cualquier relación con esta persona.
A ella no le pareció y me dijo:
"Oye, solo quería decirte algo con cariño. Para mí el estudio y el pop out son algo muy importante y, cuando abro ese espacio a alguien, sí me gusta que se sienta ese intercambio desde la gratitud y el respeto. No porque espere algo a cambio, sino porque para mí eso habla mucho de cómo nos relacionamos. :D"
Yo le contesté:
"Sip, te entiendo. Para mí mi marca también es muy importante y, como vi que no se estaban exponiendo las cosas de manera adecuada, yo prefiero retirarlas porque no me siento en posición de exigirte nada a ti; de que las cambies de lugar, que esto y el otro. Por eso creo que lo mejor es llevármelas."
Le dije esto porque mis libretas no cabían en su aparador y estaban encimadas. Le pregunté si no tenía algo más donde ponerlas y me contestó:
"Si lo tuviera, ya lo hubiera hecho."
De nuevo esa actitud fría y apática.
Cuando fui a recoger mis cosas, antes de toda esta “discusión” ella me había encargado brownies de los que yo vendía en ese momento. En las agendas había incluido unos cupones de mi emprendimiento de esos brownies, y canjeó un cupón de tres piezas. Cuando se los entregué me dijo que los quería con pistache, no así.
Anteriormente, muuchos días antes, me había pedido de pistache, sí. Pero esta vez solo me dijo que quería lo del cupón, y el cupón era de solo tres brownies naturales. No sé cómo pretendía que yo adivinara que estos también los quería con pistache si no me lo dijo.
Me regresó el pedido y me dijo que se lo trajera bien. Admito que tiene mucho valor, porque esto me lo dijo enfrente de mi mamá. Le dijimos que no, le regresé su dinero y me escribió por mensaje que toda la situación con los brownies y la forma en que se manejó no se alineaban con sus valores como marca ni con el profesionalismo que busca.
Me bloqueó.
Lol.
Yo solo le puse:
"Como aviso, también te quiero pedir que borres la foto que yo tomé y me pediste que te mandara, y que, sin mi consentimiento, subiste a tu página. Sin contar que no cumpliste con el trato de darme crédito en la ilustración. Me etiquetaste en una historia con mi arroba INVISIBLE y ni te molestaste en escribir mi arroba visible en el copy de la publicación que subiste. Pero sí te tomaste el tiempo de borrar un comentario donde me etiquetaron diciendo: 'Hermosa ilustración @limoncitocoral'. Eso sí es una falta de respeto y de profesionalismo."
Es gracioso hablar de valores de marca y profesionalismo cuando, como persona, no los tienes.
Hoy en día me di cuenta de que una de las ilustraciones de su chihuahua que yo le hice por $80 es la actual imagen principal de su negocio... O sea, vendí un logo en aproximadamente $26 pesos. Una locura, la verdad.
¡No puedes pedirle a un diseñador una ilustración para uso personal y después usarla como logo y lucrar con ella!
Pero todo esto me sirve de lección. Estas situaciones te enseñan a que debes tener más carácter y a no dejar pasar malas acciones por no querer conflictos.
Al final comprendí que este tipo de personas solo usan la creatividad para venderte una estética. Cuando te rodeas de personas verdaderamente creativas, te das cuenta de que lo que hacen es CREAR, no alardear sobre crear para pertenecer a ese aesthetic y porque se ve cool en el feed, cuando solo agarran sus materiales para tomar una foto, pero no pintan NADA.
Actualmente no hago este tipo de alianzas o colaboraciones con nadie. Solo soy yo, y me las he arreglado muy bien. Una mala experiencia no define que las demás serán así. Pero yo lo veo de este modo: si eres freelancer, es porque te gusta ser tu propio jefe, porque tienes tus propios métodos de trabajo. Empezar a hacer colaboraciones con terceros es como volver a la secundaria a hacer el trabajo de química en equipo: fulanito de tal no ayuda en nada, sultanita no da una, perenganito no da cuentas claras y se clavó el dinero de todo el equipo. NO GRACIAS.
Yo que yo veo importante es confiar en tus capacidades y entender que con el tiempo, irás obteniendo aquellas de las que aún careces. Importantísimo: hay que informarnos para que no nos vean la cara, prácticamente.
Aprendí que, si tú mismx no defiendes tu trabajo, nadie más lo hará. Si tú no expones tu trabajo, nadie te conocerá mágicamente.
Estamos en una era donde el autoempleo es posible y ya no es tan difícil como antes. En resumen: lo que yo hice fue aprovechar las herramientas, exponerme, compartir lo que hago, ser constante a un nivel saludable para mi salud mental y física porque hasta cierto punto, me chocan las redes sociales. Pero sobre todo, entender que comenzar de la nada es un acto de fe. Tanto en mí, como en Dios y en la vida.